Ciertos recuerdos son en la memoria como algunas heridas en el cuerpo. Acaban el individuo y acaban con él.
Siempre presentes o siempre abiertas, nos roban toda clase de alegrías. Lo que pasó aquella noche no es para ser olvidado.
Volví de la caza a la una de la madrugada. Cuando abrí la puerta de la alcoba vi a Paulina sobre el lecho con la cara roja, llorando y mirándome con ojos espantados.
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