-Medita, Mariano, lo que me propones, y verás que es una infamia.
-¿Por qué, Silverio?
-¡Hombre de Dios! Si yo fuese médico, y fuese a reemplazarte en Navadebolos, siempre quedaría el hecho penable de que te reemplazaba para que te casases burlando a tu suegro, que es el alcalde del pueblo donde ejerces.
-¡Discutible!